el sistema/3

Quien no se hace el vivo, va muerto. Estás obligado a ser jodedor o jodido, mentidor o mentido. Tiempo M qué me Importa, el qué le vas a hacer, el no te metás, el sálvese quien pueda. Tiempo de los tramposos: la producción no rinde, la creación no sirve, el trabajo no vale. En el río de la Plata, llamamos bobo al corazón. Y no porque se enamora: lo llamamos bobo por lo mucho que trabaja.

los sueños olvidados

Helena soñó que se dejaba los sueños olvidados en una isla. Claribel Alegría recogía los sueños, los ataba con una cinta y los guardaba bien guardados. Pero los nińos de la casa descubrían el escondite y querían ponerse los sueños de Helena, y Claribel, enojada, les decía: – Eso no se toca. Entonces Claribel llamaba a Helena por teléfono y le preguntaba: – ¿Qué hago con tus sueños?

la última cerveza de Caldwell

Era el atardecer de un domingo de abril. Al cabo de una semana de mucho trabajo, yo estaba bebiendo cerveza en una taberna de Anisterdam. Estaba con Annelies, que me había ayudado con santa paciencia en mis vueltas y revueltas por Holanda. Yo me sentía bien pero, no sé por qué, tirando a triste. Y me puse a hablar de las novelas de Erskine CaldweIl. Eso empezó con un chiste bobo. Como me daban vergüenza mis incesantes viajes al baño entre cerveza y cerveza, se me ocurrió decir que el camino de la cerveza conduce al baño como el camino del tabaco conduce al cenicero, y me sentí de lo más ingenioso. `{`...`}`

la cultura del terror/2

La extorsión, el insulto, la amenaza, el coscorrón, la bofetada, la paliza, el azote. El cuarto oscuro, la ducha helada, el ayuno obligatorio, la comida obligatoria. La prohibición de salir, la prohibición de decir lo que se piensa, la prohibición de hacer lo que se siente y la humillación pública son algunos de los métodos de penitencia y tortura tradicionales en la vida de familia. Para castigo de la desobediencia y escarmiento de la libertad, la tradición familiar perpetúa una cultura del terror que humilla a la mujer, enseña a los hijos a mentir y contagia la peste del miedo. -Los derechos humanos tendrían que empezar por casa- me comenta, en Chile, Andrés Domínguez.

el sistema/2

Tiempo de los camaleones: nadie ha enseñado tanto a la humanidad como estos humildes animalitos. Se considera culto a quien bien oculta, se rinde culto a la cultura del disfraz. Se habla el doble lenguaje de los artistas del disimulo. Doble lenguaje, doble contabilidad, doble moral: una moral para decir, otra moral para hacer. La moral para hacer se llama realismo. La ley de la realidad es la ley del poder. Para que la realidad no sea irreal, nos dicen los que mandan, la moral ha de ser inmoral.

paradojas

Si la contradicción es el pulmón de la historia, la paradoja ha de ser, se me ocurre, el espejo que la historia usa para tomarnos el pelo. Ni el propio hijo de Dios se salvó de la paradoja. El eligió, para nacer, un desierto subtropical donde casi nunca nieva, pero la nieve se convirtió en un símbolo universal de la Navidad desde que Europa decidió europear a jesús. Y para más inri, el nacimiento de jesús es, hoy por hoy, el negocio que más dinero da a los mercaderes que Jesús había expulsado del templo. Napoleón Bonaparte, el más francés de los franceses, no era francés. No era ruso José Stalin, el más ruso de los rusos; y el más alemán de los alemanes, Adolfo Hitier, había nacido en Austria. Margheríta Sarfatti, la mujer más amada por el antisemita Mussolini, era judía. `{`...`}`

las flores

El escritor brasileńo Nelson Rodrigues estaba condenado a la soledad. Tenía cara de sapo y lengua de serpiente, y a su prestigio de feo y fama de venenoso sumaba la notoriedad de su contagiosa mala suerte: la gente de su alrededor moría por bala, miseria o desdicha fatal. Un día, Nelson conoció a Eleonora. Ese día, el día del descubrimiento, cuando por primera vez vio a esa mujer, una violenta alegría lo atropelló y lo dejó bobo. Entonces quiso decir alguna de sus frases brillantes, pero se le aflojaron las piernas y se le enredó la lengua y no pudo más que tartamudear ruiditos. La bombardeó con flores. Le enviaba flores a su apartamento, en lo más alto de un alto edificio de Río de Janeiro. `{`...`}`

celebración de las contradicciones/1

Como trágica letanía se repite a sí misma la memoria boba. La memoria viva, en cambio, nace cada día, porque ella es desde lo que fue y contra lo que fue. Aufheben era el verbo que Hegel preferÌa, entre todos los verbos de la lengua alemana. Aufheben significa, a la vez, conservar y anular; y así rinde homenaje a la historia humana, que muriendo nace y rompiendo crea.

la cultura del terror/3

Sobre la niña ejemplar: Una niña juega con dos muñecas y las regaña para que se queden quietas. Ella también parece una muñeca, por lo linda y buena que es y porque a nadie molesta. (Del libro Adelante, de J. H. Figueira, que fue texto de enseñanza en las escuelas de`}` Uruguay hasta hace pocos ańos.)

la pasión de decir

Ese hombre, o mujer, está embarazado de mucha gente. La gente se le sale por los poros. Así lo muestran, en figuras de barro, los indios de Nuevo México: el narrador, el que cuenta la memoria colectiva, está todo brotado de personitas.

celebración de la fantasía

Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytarnbo, cerca del Cuzco. Yo me había desprendido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, porque la estaba usando en no sé qué aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano. Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de nińos que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitos cuarteadas de mugre y frío, pieles, de cuero quemado. había quien queria un cóndor y quién una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas, y no faltaban los que pedían un fantasma o un dragón. Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba más de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca: – Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima – dijo. – Y anda bien? – le pregunté. – Atrasa un poco – reconoció.

la función del arte/2

El pastor Míguel Brun me contó que hace algunos años estuvo con los indios del Chaco paraguayo. Él formaba parte de una misión evangelizadora. Los misioneros visitaron a un cacique que tenía prestigio de muy sabio. El cacique, un gordo quieto y callado, escuchó sin pestańear la propaganda religiosa que le leyeron en lengua de los indios. Cuando la lectura terminó, los misioneros se quedaron esperando. El cacique se tomó su tiempo. Después, opinó: -Eso rasca. Y rasca mucho, y rasca muy bien. Y sentenció: – Pero rasca donde no pica.

llorar

Fue en la selva, en la amazonica ecuatoriana. Los indios shuar estaban llorando a una abuela moribunda. Lloraban sentados, a la orilla de su agonía. Un testigo, venido de otros mundos, preguntó: – Por qué lloran delante de ella, si todavía está viva? Y contestaron los que lloraban: – Para que sepa que la queremos mucho.

la mala racha

Mientras dura la mala racha, pierdo todo. Se me caen las cosas de los bolsillos y de la memoria: pierdo llaves, lapiceras, dinero, documentos, nombres, caras, palabras. Yo no sé si será gualicho de alguien que me quiere mal y me piensa peor, o pura casualidad, pero a veces el bajón demora en irse y yo ando de pérdida en pérdida, pierdo lo que encuentro, no encuentro lo que busco, y siento mucho miedo de que se me caiga la vida en alguna distracción.

celebración de la voz humana/3

José Carrasco era un periodista de la revista Análisis. Una madrugada, en la primavera de 1986, lo arrancaron de su casa. Pocas horas antes había ocurrido el atentado contra el general Augusto Pinochet. Y pocos días antes, el dictador había dicho: – A ciertos seńores los tenemos en engorde. Al pie de un muro, en las orillas de Santiago, le metieron catorce balazos en la cabeza. Fue al amanecer, y nadie se asomó. El cuerpo estuvo allí, tirado, hasta el mediodía. Los vecinos nunca lavaron la sangre. El lugar se convirtió en santuario del pobrerío, siempre cubierto de velas y flores, y José Carrasco se hizo ánima milagrera. En el muro, mordido por los tiros, se leen las gracias por los favores recibidos. A principios de 1988, viajé a Chile. Hacía quince ańos que no iba. Me recibió, en el aeropuerto, Juan Pablo Cárdenas, el director de Análisis. Condenado por agravios al poder, Cárdenas dormía en la cárcel. Todas las noches, a las diez en punto, entraba en prisión, y salía con el sol.

sobre este proyecto

Serie de diseños inspirados en algunas de los relatos del libro “El Libro de los Abrazos” de Eduardo Galeano.

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